Una pizca de ingredientes

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Este no es un artículo de los que suelo escribir en el blog cada semana. Es un relato escrito exclusivamente para el Primer Concurso Literario Caldos Aneto organizado por Madresfera y caldos Aneto.

Mi pasión por la escritura y las historias es muy conocida y, cuando Madresfera publicó el concurso, tenía claro que quería participar. Primero porque escribir un relato siempre es un reto y, segundo, porque formo parte activa de la comunidad de Madresfera. Participar junto a grandes blogs, compañeros y conocer su trabajo, es algo que siempre me ha gustado de Madresfera.

Por esas dos razones he decidido participar con este relato: Una pizca de ingredientes. Además, he contado para ilustrar esta pequeña historia con las maravillosas manos del ilustrador Nacho Pangua, autor de «El rubí del monte Fuji» (podéis seguirle en su cuenta de Instagram). Sabéis que me gusta poner mi toque personal a cada cosa que hago y me apetecía que el relato tuviera una ilustración con sus personajes presentes y Nacho lo ha sabido captar a la perfección.

Perdonad que no sea la información que publico siempre, pero así, también, seguís conociendo mi alma creativa. También podéis comprar mi primer cuento publicado aquí.

Una pizca de ingredientes

Mi abuela era bruja. Con su casa en mitad del bosque, su gorro de punta, su escoba voladora y, por supuesto, su caldero.

Mi madre había sido bruja, aunque ya no estaba en activo. Una noche de Halloween, mi madre conoció a mi padre. Un chico normal, electricista, disfrazado de “Cazafantasmas”. Lo suyo fue amor bajo la luna llena. O eso siempre me han contando.

Yo no soy bruja. No heredé ninguno de los poderes de mi abuela ni de mi madre. Eso sí, la nariz grande y la verruga me las quedé.

La casa de mi abuela olía siempre a caldo caliente o a bizcocho recién hecho. A mi me gustaba ir a visitarla y ver cómo cocinaba. Envidiaba su magia.

Puerro. ¡Al caldero! – decía mi abuela sin dejar de remover el caldo dentro de su olla.

El puerro salía volando de la despensa y, con un movimiento de mano de mi abuela, se cortaba en el aire y caía al agua hirviendo del caldero. Después venían la cebolla, la zanahoria, la col y el apio. Todos los ingredientes desfilaban por la cocina bajo la magia de mi abuela. Yo los miraba y deseaba ser como ella. Tener ese poder para preparar aquel caldo que me hacía sentir en casa, segura, resguardada del frío de aquel bosque.

La magia no es la que consigue un buen plato – me dijo un día mi abuela mientras esperaba sentada mi mágico caldo.

Entonces, ¿qué es? – pregunté.

Hasta aquel momento, siempre había pensado que la magia tenía mucho que ver en el sabor de los platos que cocinaba mi abuela. Tenía un caldero, conocía muchos conjuros y a las brujas les encanta hacer magia. Su revelación me hizo mirar aquel plato humeante con otros ojos. Y, su respuesta, hizo que me replanteara todo lo que hasta entonces sabía sobre cocina.

El sabor del caldo consiste en introducir la pizca exacta de ingredientes, pero también un cuarto de esfuerzo, dos medidas de paciencia y una gran cantidad, a partes iguales, de amor y compañía – me reveló mi abuela mientras me acariciaba el rostro.

Y, sentándose en su silla, junto a mí, disfrutamos de aquel caldo caliente que todavía puedo saborear.

Mi abuela era bruja y cocinaba el mejor caldo del mundo sin echarle ningún ingrediente mágico.

Mi madre es bruja, aunque no en activo, y hace las mejores croquetas utilizando la receta del caldo de mi abuela.

Yo no soy bruja, pero aprendí el mejor truco de cocina que una bruja pueda darte.

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Una pizca de ingredientes
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Una pizca de ingredientes
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Relato para un concurso literario
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A merendar con mamá
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4 comentarios sobre “Una pizca de ingredientes

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