Ana Guillén: “Sin la colaboración de las madres, la biblioteca escolar no funcionaría”

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biblioteca santiago ramon y cajalHoy se celebra el Día de la Biblioteca. ¿Has visitado alguna vez la biblioteca de tu barrio? ¿O, por casualidad, estabas de viaje y te has encontrado con una biblioteca de “película”? ¿Y la biblioteca del colegio de tus hijos? ¿Sabes cómo es? ¿O la que tenías en tu colegio? Si lo piensas y no tienes la imagen clara en tu cabeza, es que no es uno de los lugares importantes del colegio, cuando debería serlo. Muy importante, en realidad.

Para celebrar este día (¡con lo que a nosotros nos gustan las bibliotecas!) podría haberos hecho una lista con bibliotecas espectaculares; o cuentos sobre bibliotecas; o remitiros a la infografía que publicamos sobre porqué son importantes las bibliotecas escolares. Pero hemos preferido visitar una en concreto cuya historia me enamoró desde el principio.

Una biblioteca creada desde cero

La biblioteca infantil escolar del CEIP Santiago Ramón y Cajal de Fuenlabrada, en Madrid les ha cambiado la vida a varias madres que han colaborado en ella. Porque la biblioteca no sólo es un sitio para prestar libros. A través de esa pasión por la literatura, por colaborar en la biblioteca del colegio, por ir a ver a los niños, “adquirimos herramientas para un trabajo que nos puede salir en cualquier lado”, explica Ana Guillén, profesora de Infantil en ese mismo colegio y blogger, autora de “Un proyecto de maestra”“El topo curioso”, dos blogs donde muestra el día a día de su clase. Pero su historia es alucinante.

Gracias a las redes sociales, y a este blog, he tenido la suerte de conocer a Ana. Y de poder disfrutar de su historia, unida a la  biblioteca. Ana fue una de las madres que comenzó a dar vida a la biblioteca infantil del colegio. Lucía, la profesora de su hijo, pidió ayuda a varias madres para formar la biblioteca y Ana no se lo pensó. “Las bibliotecas escolares ayudan a educar a las familias. Yo cuando empecé solo conocía la colección de “Teo” y cuando entras ves otras editoriales que no son las típicas. Te educas en cuestión de lectura”. Y descubrió no solo nuevos libros, sino que quería dedicarse a la enseñanza infantil. Estudió. Se presentó a la oposición y aprobó. Lleva nueve años dando clases a niños y niñas, en ese mismo colegio, gracias a la biblioteca escolar.

Ahora Ana es, junto a Mercedes Fernanz, coordinadora de la biblioteca. Ana de Infantil y Mercedes de Primaria. Pero ellas solas no pueden llevar ese espacio donde se prestan libros, se preparan actividades y se realizan cuentacuentos. Las madres son claves para el funcionamiento. “Muchas veces no son los recursos que tengas, los libros, el material, si no el factor humano”, explican las dos profesoras. Madres que dedican cinco horas a la semana en forrar libros, clasificarlos, prestarlos y preparar actividades. “Sin ellas, esto no funcionaría”, afirman Ana y Mercedes.

Una de esas madres, con historia también, es Susana Izquierdo. Ella era farmacéutica, pero cuando dio a luz, dejó el trabajo. En una de las reuniones que organizan Ana y Mercedes a principio de curso para “enganchar” a las madres a que participen en la biblioteca, Susana se presentó. Y se quedó. Aprendió a contar cuentos, a perder el miedo a hacerlo delante de adultos, “porque lo difícil no es contarlo delante de los niños, sino de los padres que te están viendo”. Y escribió un libro, “Triangulita roja”. La historia de Caperucita Roja, pero más original. “Con la biblioteca vi el cielo abierto a poder hacer otras cosas y a estar más realizada”, explica Susana. Desde entonces, Susana participa en jornadas de cuentacuentos, va a librerías a contar su libro y se sigue formando. Y todo gracias a una biblioteca escolar.

libro de palabras
«Libro de palabras bonitas», una de las actividades que desde la biblioteca realizan todas las clases

Inauguración para el Día de la Biblioteca

Hoy, la biblioteca de Ana y Mercedes, y de las madres que colaboran y de todos los alumnos y alumnas, estará preparada para inaugurarse. Estaban esperando este día para celebrarlo. Todo estará en orden. En la zona de infantil estarán los libros colocados por edades y por temática. Y la esquina de Anthony Browne seguro que está preciosa, los libros preferidos de Ana. Las mesas para leer quizás se hayan apartado un poco para la representación que van a hacer las madres, pero volverán a su sitio cuando todo acabe, preparadas para recibir a todos los alumnos que este año descubrirán historias nuevas entre los libros de infantil, de primaria, entre las novelas… Un año para seguir leyendo.

anthony browne
La esquina de Anthony Browne, los libros favoritos de Ana

El apoyo de la dirección

La biblioteca del colegio Santiago Ramón y Cajal de Fuenlabrada cuenta con la colaboración de diez personas. Diez madres que dedican su tiempo a que ese rincón del colegio, ese foco cultural, funcione. Pero necesita más ayuda y Ana y Mercedes siempre la han tenido. “Si hay un apoyo del equipo directivo a la biblioteca, la biblioteca funciona”, explica Mercedes. Y ellas lo saben muy bien porque siempre han tenido autonomía para hacer lo que han creído conveniente. Para llevar a cabo actividades con las clases, con los alumnos y alumnas, para fomentar la lectura y los buenos hábitos. Crearon un álbum de palabras bonitas en el que participaron todas las clases. Un “álbum de poesía” donde incluso los niños se animaron a escribir sus propias poesías. Susana también. Y, su última idea, un carrito de préstamo de libros y revistas para el recreo. Gestionado por los alumnos. “Y de aquí a Navidad lo tenemos cubierto y ningún niño repite”, me cuenta Mercedes ilusionada.

carrito recreo
El carrito que están preparando para el préstamo durante el recreo

Porque la biblioteca no solo sirve para prestar libros. Algo muy importante también, porque como afirma Mercedes, que lleva años detrás de una biblioteca, en este colegio y en el Antonio Machado, en Leganés, “lo que vale es que el niño se lleve el libro a casa y lo lea. Si los tienes bonitos y bien colocados y no se los llevan, para que los quieres.”

Nunca un espacio tan pequeño pudo dar para tanto. Porque la biblioteca es un foco de ideas, de fomento de la lectura, de dar rienda suelta a la imaginación, a la creación. Un sitio de unión con las familias, con la propia y la de los demás. “La biblioteca: el corazón de la escuela”, como Jaume Centelles tituló su libro. Porque de las bibliotecas escolares se puede hablar mucho. Poco se habla, desde luego.

¿Y si empezamos a hablar de ellas?

 

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